miércoles, 29 de agosto de 2018

Lo nostálgico y lo ordinario


Paola nunca imagino que aquella mañana se encontraría con unos ojos que cambiarían su vida.
Paola era de estatura media, de un cabello medio lacio y muy negro, su piel era morena clara y sus ojos muy grandes, ella bebía té por las tardes y luego leía, en su cotidianidad nada cambiaba, era despertar, tomar el desayuno, ir al trabajo, tomar el almuerzo, regresar a casa, beber su té a las cinco y luego leer hasta dormir.
Amaba la soledad, amaba esos momentos de quietud y silencio, la penumbra de su habitación y el olor de su té de rosas.
Esa mañana al cruzar la plaza, vio atravesar con un paso muy lento a una joven, ella chispeaba nostalgia, su piel era blanca algo tostada por el sol, su cabello castaño se revolvía por las ventiscas de la mañana, sus ojos tras sus gafas incendian aún más su nostalgia.
Ella, ella se llamaba Beatriz, ella era una bohemia, bebía vino por la noches y escribía poesía, escuchaba a Serrat y Cantaba la poesía de Sabina.
Ella tenía una rutina, a veces se levantaba con el sol y a veces no salía de su casa en días, los jueves caminaba por la plaza, buscaba un café, sacaba su libreta de pastas negras y pasaba horas inclinada ante el arte poético de las letras.
Al llegar la noche iba a un bar de la séptima y pedia una copa de vino tinto y a veces al terminarla derramaba una lagrima.
Esa mañana de jueves Paola la vio y ella como atraída por magnetismo levanto su vista hasta encontrarse con esos grandes y hermosos ojos, para Paola se detuvo el mundo por un segundo, para Beatriz el mundo giro de prisa.
Ambas descubrieron en sus miradas que el amor no era cotidiano, en ese cruce de miradas surgió una oleada de sensaciones y pensamientos con formas de caprichos jamás cumplidos.
Cada cual siguió su paso, pero en ambas había quedado una chispa de esperanza por volver a coincidir.
Ella llegó al café, pidió lo mismo de cada jueves y comenzó a escribir:
Nostalgia del recuerdo,
Recuerdo nostálgico de días grises,
Hoy el mundo giró y en una
Mirada ella a mi volvió…
Ella llego al trabajo y durante la jornada no pudo dejar de pensar en ese momento donde sus ojos coincidieron con los de ella.
Esa tarde el vino no se acabó con una lagrima y las rosas del té tuvieron un mejor aroma. Ambas sabían que sin conocerse sus vidas habían hecho una conexión.
Jamas volvieron a verse, aún cuando ambas se buscaron en la plaza algunas mañanas de jueves.
Beatriz ya no derramo una lagrima al terminar su vino y Paola cambió lo cotidiano por lo espontaneo, ahora buscaba la poesía de Beatriz los jueves en la plaza y el té jamás supo igual.
Se enamoraron a pesar de que el destino jamás quiso que ellas estuvieran juntas. Solo una mirada bastó, en esos segundos vivieron la vida entera, en esa mirada fueron todo lo que tuvieron que ser, fueron felices...
El fuego nostálgico de Beatriz hizo arder el fuego cotidiano de Paola y viceversa…