En noches como esta pienso, sinceramente, que serÃa mejor no pensar, dejarme arrastrar por el torrente de esta gran humanidad que me rodea, perder mi individualidad, mis dudas, mis remordimientos, mis tensiones internas y ser uno más del rebaño. Pero por mucho que quiera no puedo ser como ellos; lo que alegra los corazones de toda esa gente, lo que les hace gritar de alegrÃa y llena su alma de sueños, para mà es tan indiferente, tan incomprensible, tan vacÃo, insustancial, pobre e insignificante, que jamás podrÃa disfrutarlo, jamás me producirÃa ninguna alegrÃa, ningún estimulo, ningún placer; pues lo que llena mi alma, lo que la hace vibrar, lo que me hace elevarme de gozo por entre esta multitud es tan radicalmente distinto, tan personal, tan mÃo, que nunca hallaré mi igual (si es que tal cosa existe) en esta tierra o en otra.
Hace tiempo que acepté que el camino que me habÃan trazado me producÃa nauseas: “SÃ, asà soy yo, no me arrepiento de lo que soy, no me arrepiento de cómo soy, y no necesito la aprobación ni las caricias lisonjeras de nadie.”
Asà pues, pese a quién le pese, mi camino será el que yo quiera que sea, y con todo mi ahÃnco, con toda mi fuerza y decisión, lo recorreré paso a paso sin temores, dudas, ni la necesidad de los superfluos consejos de individuos con la profundidad vital de un charco de agua, incapaces de ver más allá de la fachada y de las apariencias externas de nadie.
Y si la magia murió en el mundo, yo la rescataré del olvido y haré que vuelva.
